Espriella fija una meta de 330.000 hectáreas erradicadas, combinando fumigación, erradicación forzada y acción militar contra el narcotráfico. Es la cifra concreta detrás de la promesa del glifosato: convierte la herramienta en una meta numérica de gobierno, lo cual facilita medir el cumplimiento, pero también deja la pregunta de si la cifra responde a un análisis técnico de la Dirección de Sustitución o es, sobre todo, un número con peso simbólico.
La historia reciente de la política antidrogas en Colombia muestra que las metas de erradicación masiva suelen lograrse en hectáreas, no en reducción sostenida del narcotráfico: los cultivos se resiembran, las rutas se adaptan y el negocio se desplaza. Sin un componente fuerte de sustitución de ingresos, esta meta corre el riesgo de quedar en una cifra cumplida sobre el papel, sin un cambio estructural en la economía cocalera.