Espriella propone diez megacárceles inspiradas en el modelo de Bukele, ubicadas en zonas aisladas y entregadas en concesión a operadores privados, junto con la eliminación del INPEC. Es la misma lógica que ha aplicado a otras promesas: copiar la fórmula de mano dura que funcionó en otro país, sin que hasta ahora se conozca el detalle de cómo se financiaría una infraestructura de ese tamaño ni qué pasa con los derechos de la población carcelaria bajo operadores privados con fines de lucro.
El punto que merece seguimiento no es la cárcel en sí, sino el paquete completo: privatizar un sistema penitenciario suele trasladar el incentivo de 'rehabilitar' al de 'llenar cupos', y eliminar el INPEC sin un plan de transición claro deja en el aire quién asume la custodia mientras se construyen los nuevos centros.