$10 billones y 90 días: el plan de choque para estabilizar el sistema de salud es, de las promesas con plazo de este paquete, la única que toca directamente la vida cotidiana de los pacientes y no la geopolítica o la macroeconomía. El Tigre la planteó en términos duros —entrega de medicamentos, pagos normalizados a hospitales, frenar las muertes por fallas de atención—, lo cual la convierte también en una de las más fáciles de medir si se cumple o no.
Ahí está el punto que vale la pena seguir: estabilizar el flujo de plata hacia las EPS y prestadores no resuelve por sí solo el problema estructural del sistema —la disputa de fondo sobre el modelo de aseguramiento sigue sin tocarse—, así que esta promesa puede leerse como un parche de corto plazo más que como una reforma. Si los 90 días pasan y los indicadores de entrega de medicamentos no mejoran, será una de las más fáciles de declarar incumplida.