Rodrigo Lara Restrepo, exsenador y expresidente de la Cámara, es el primer nombre confirmado del gabinete, y no es un cargo cualquiera: el Ministerio del Interior es la oficina que negocia con el Congreso, justo el terreno donde un gobierno que llegó sin el respaldo de ningún partido va a necesitar más músculo político. La jugada tiene sentido práctico —un político de carrera que conoce el Capitolio por dentro—, pero contradice directamente la promesa de 'gobernar sin política tradicional' que De la Espriella repitió durante toda la campaña, incluida la frase de que prefería perder antes que negociar con la 'politiquería'.
No se trata de una contradicción menor de discurso: Lara es, por trayectoria, exactamente el perfil de la 'vieja política' que esa promesa decía evitar, y el cargo que recibió es precisamente el encargado de hacer lo que De la Espriella decía que no haría. Es la primera señal concreta de que esa independencia tiene límites desde el arranque mismo del gobierno.