Diez cabecillas en 90 días: esta es la versión con números concretos de la promesa de 'recuperar el control territorial', y también su versión más modesta. Pasar de un objetivo amplio como 'controlar el territorio' a una meta puntual y medible —diez nombres, tres meses— es un ajuste que reduce el riesgo de quedar mal, aunque mantiene el cronómetro corriendo desde el día uno de gobierno.
Vale la pena marcar el matiz: no es que la propuesta haya cambiado de fondo, sino que se precisó después de las críticas por lo ambicioso del plan original. Diez capturas o bajas en 90 días es una meta que se puede verificar con nombres y fechas, lo cual la hace, paradójicamente, más fácil de exigir que cumplan —y más fácil de declarar incumplida si no pasa.