Espriella suma otra pieza al mismo engranaje de seguridad: una 'Primera Línea de Seguridad' con veteranos y reservistas, apoyando a la fuerza pública en el control territorial. Encaja con el resto del paquete —civiles con porte de armas, red de cooperantes, ofensiva militar en 90 días— y empieza a dibujar un patrón más amplio: estructuras civiles o semi civiles armadas, operando junto al Estado pero fuera de su cadena de mando regular.
En Colombia ese patrón tiene un antecedente que pesa: los grupos civiles armados con fines de 'seguridad' y apoyo a la fuerza pública terminaron, históricamente, mutando hacia el paramilitarismo. La propuesta no es lo mismo —habla de veteranos bajo supervisión estatal, no de milicias—, pero la pregunta de fondo sigue abierta: ¿quién controla, entrena y rinde cuentas por esta 'primera línea' cuando opera en terreno, lejos de cámaras y de Bogotá?